[22/11/08] La sentencia del Juzgado Contencioso Administrativo Nº 2 de Valladolid, a juicio de la FECyLGTB, ha dado un paso valiente en la clara separación entre iglesia y estado, indicando con tino que la presencia de una simbología religiosa concreta en un colegio público vulnera los derechos fundamentales constitucionales recogidos en los artículos 14 y 16.1 de la constitución, referidos a la igualdad y la libertad de conciencia.
Tras la sentencia, y como no podía ser de otra manera, el espacio público, los colegios públicos, la educación pública, se establecen como el lugar común de todos los españoles, donde no caben, no deben caber, simbologías de ninguna religión especifica, con el riesgo de apariencia de confesionalización que esto supone y de vulneración de la libertad religiosa. Para Jana Quintanilla Mielgo, Vicepresidenta de la FECyLGTB “el aula de un colegio, lugar de conocimientos, ciencia y razón, no tiene sentido que sea presidida por un símbolo religioso. Es más, a nuestro parecer la asignatura de religión se debería impartir fuera del colegio o por lo menos fuera del horario lectivo, para no confundir el ámbito de las creencias personales con el ámbito de los conocimientos científicos”
Para terminar, la FECyLGTB recuerda que la asignatura de educación para la ciudadanía promovía valores básicos, constitucionales, compartidos por todos y todas, como la igualdad y la no discriminación, por lo que no se podría entender que se considere esta asignatura básica, necesaria, como opcional y en cambio obligatoria la presencia de un crucifijo, un símbolo de una religión concreta y una infracción clara de la libertad religiosa.
Ignacio Paredero, Presidente de la FECyLGTB pide de nuevo que “se vuelva a impartir la asignatura de educación para la ciudadanía en toda su extensión y no se permita que determinados padres impongan a sus hijos el desconocimiento de realidades como la homosexual, bisexual o transexual con las que muy probablemente tendrán que lidiar a lo largo de su vida, cuando no les implicarán en primera persona”.
Para la FECyLGTB, una educación pública, laica y de calidad, una educación para la ciudadanía que incluya con claridad la diversidad afectivo sexual, es garantía de libertad religiosa y de convivencia para todas y todos. Para Ignacio Paredero “Si no avanzamos en la educación contra la homofobia, seguiremos asistiendo a las terribles tasas de suicidio entre adolescentes homosexuales y transexuales, así como a las altísimas tasas de acoso escolar por homofobia y transfobia en nuestros centros escolares”.